Diversidad en el cooperativismo de consumo

Contamos con experiencias muy diversas en el campo del cooperativismo de consumo agroecológico: desde pequeños grupos a supermercados, pasando por agrupaciones o tiendas de tamaño medio, y por grupos que gestionan sus propios campos de cultivo. Explicamos en qué consiste cada modelo.

 

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El cooperativismo de consumo lo componen los proyectos en los que las consumidoras nos agrupamos para satisfacer necesidades de acuerdo con nuestros valores. Existen cooperativas de este tipo en muchos sectores (como la telefonía, la electricidad, la banca o la vivienda), pero el ámbito en el que contamos con más iniciativas es el alimentario. Hablamos en este caso del cooperativismo de consumo agroecológico, aunque normalmente la oferta de estas iniciativas incluye otros elementos de consumo cotidiano como productos de limpieza o higiene personal.

En los últimos dos años hemos dedicado numerosos artículos a diferentes aspectos de esta modalidad de cooperativismo de consumo: al estancamiento en el crecimiento del número de grupos de consumo, a los supermercados cooperativos, al salto de escala y la profesionalización de las alternativas, a los proyectos para abrir nuevos supermercados, a la experiencia del Food Coop de Brooklyn (con 17.000 socias), a la diversidad de tiendas y supermercados cooperativos en el Estado español, y hasta a las herramientas digitales que el sector necesita. Publicamos también una entrevista que aporta reflexiones sobre muchos de los temas mencionados.

En este artículo vamos a intentar clarificar tanto algunos de los términos que utilizamos más habitualmente como las diversas tipologías de grupos y cooperativas de consumo existentes, describiendo las características fundamentales de cada una de ellas.

En una siguiente entrega profundizaremos en las ventajas e inconvenientes de cada modelo. Y explicaremos también las tensiones y desconfianzas, y las sinergias y complementariedades a las que da lugar la convivencia entre apuestas diferentes.

Aclarando términos: ¿grupos o cooperativas de consumo?

Cuando participamos en alguna experiencia de consumo colectivo solemos hablar, informalmente, e independientemente del tamaño o forma jurídica del proyecto, de coopes. “Voy a la coope” o “en mi coope…”.

Pero este tipo de iniciativas no funcionan siempre bajo la forma jurídica de una cooperativa. Supongo que a ello se debe la popularización en los últimos años del término grupo de consumo. Es una denominación que, como paraguas genérico, es más versátil que coope, por ser grupo un término apto para describir realidades diversas (grupos no legalizados, asociaciones y cooperativas).

Y es que ya que mencionamos diversos tipos de personalidades jurídicas de los grupos, no está de más aclarar que muchos de los grupos más pequeños o incipientes funcionan sin ninguna cobertura legal. Al principio, cuando las facturas son pequeñas y los pedidos se reparten en la casa o local de algún miembro del proyecto, conseguir y mantener un CIF puede ser más un engorro que una ventaja.

Otros muchos proyectos optan por legalizarse como asociaciones, una estructura administrativamente “más ligera” que la de una cooperativa. Normalmente lo hacen las organizaciones pequeñas, pero no siempre es así. Por ejemplo las dos organizaciones de mayor alcance en el Estado español, como son Landare (Cuenca de Pamplona, con dos tiendas y 3.600 socias), o Bio Alai (Vitoria, 1.400 socias) son legalmente asociaciones. En este artículo explicábamos las diferencias entre la forma jurídica de asociación y la de cooperativa.

Y aunque la cooperativa es la forma legal más ajustada a los principios de la economía social y solidaria, no es el modelo jurídico más extendido en este campo. Puede deberse a dos factores.

El primer motivo es práctico, y se debe a la suma de: una inversión inicial más alta (3.000 € para constituir una cooperativa), una mayor complejidad burocrática, y un menor conocimiento del modelo y sus particularidades (aunque esto último  ha aumentado en los últimos años).

El segundo factor es ideológico pues, como explicábamos en este artículo, muchas de las experiencias de economías comunitarias nacieron muy influidas por una mirada más autogestionaria y decrecentista (más en boga en los años noventa y la primera década de este siglo), a menudo “alérgica” a los formalismos y burocracias. En la última década, en cambio, observamos un auge de la economía social y solidaria, y por tanto de su mirada más socioempresarial, y de su apuesta por el modelo cooperativo.

Modelos de organización del consumo colectivo

En el apartado anterior concluímos que el término coloquialmente usado –grupo o coope– para referirnos a una iniciativa no siempre responde a la realidad de su tamaño o forma jurídica. Pese a ello, nos vamos a atrever a elaborar una clasificación utilizando estas denominaciones. Sabiendo que el uso popular de los términos puede que muchas veces no responda a estas categorías. Y que, como suele suceder cuando establecemos tipologías, estamos simplificando en exceso. Y siempre hay excepciones, y muchos proyectos no encajan perfectamente en ninguna de las categorías empleadas. Con todas esas precauciones, vamos con una propuesta de clasificación:

Pequeños grupos de consumo

Entrarían en esta categoría organizaciones basadas íntegra o fundamentalmente en el trabajo voluntario. Suelen ser grupos formados por entre diez y cincuenta familias o unidades de consumo –un término más inclusivo y representativo de realidades diversas que el de familia. Normalmente se reúnen una tarde concreta de la semana (los miércoles de seis a ocho de la tarde, por ejemplo), y reciben y distribuyen en un local, propio o de uso compartido, los pedidos encargados con unos días de antelación. En ocasiones, varios pequeños grupos se juntan para hacer pedidos conjuntos de productos no perecederos (aceite, arroz…), abaratando los precios y haciendo posible la compra directa al productor. En zonas rurales, debido a la menor densidad de población y la mayor accesibilidad al producto fresco local, a veces son “grupos de afinidad” menos formales, compuestos por muy pocas “unidades”, que se reúnen con una periodicidad mayor. Como el resto de grupos suelen compartir, además de los pedidos, otro tipo de  encuentros, inquietudes y celebraciones.

Muchos de los grupos de consumo apuestan por este modelo de pequeño tamaño y disfrutan de sus ventajas, como los altos niveles de convivencia y conocimiento entre sus miembros. Por ello, cuando las demandas de nuevas inscripciones superan el quòrum máximo fijado para el grupo, los grupos se dividen o proponen a las personas interesadas asociarse y formar una nueva entidad, ofreciendo su apoyo en el proceso de gestación y rodaje del nuevo proyecto. Esto explica que el crecimiento del número de personas interesadas por los grupos de consumo se haya traducido a menudo más en un aumento del número de proyectos que en un mayor tamaño de las iniciativas. Y hace que el modelo de pequeños grupos de consumo sea la tipología que cuenta con más experiencias. En el reciente libro sobre cooperativismo agroecológico en Barcelona editado por Ricard Espelt y Nuria Vega se explican casos de este tipo de “divisiones y multiplicaciones” de grupos de consumo.

Cooperativa de tamaño medio

Cooperativismo de consumo agroecológico

Suele tratarse de iniciativas de mayor tamaño, entre cincuenta y cien unidades. Lo que les permite, en general, disponer de una oferta más amplia de productos que la de los grupos de consumo. Normalmente abren sus puertas dos o más tardes y/o mañanas a la semana, y cuentan con una o varias personas total o parcialmente asalariadas por el proyecto, que se ocupan de sostener algunas de las tareas más pesadas de su funcionamiento y, en ocasiones, de dinamizar y fomentar la participación de las asociadas. Esta participación no siempre es obligatoria (en los grupos de consumo sí), y normalmente es menos exigente que en los grupos, al recaer parte de las responsabilidades básicas en la persona o personas asalariadas. Al igual que los pequeños grupos de consumo, suelen ofrecer sus servicios solo a las asociadas.

Ejemplos de este modelo son cooperativas como Zocamiñoca (A Coruña) o el Llevat o L’Economat Social (ambas de Barcelona), aunque esta última está a punto de dar el salto hacia el formato de “tienda cooperativa”.

Tiendas y supermercados cooperativos

Som Alimentació

El artículo “Comercios cooperativos: una realitat plural” analiza este tipo de proyectos, explica su diversidad e incluye un listado bastante exhaustivo de las iniciativas existentes, que rondan la treintena. En esta categoría se pueden incluir aquellas cooperativas –o asociaciones– en los que, aunque la propiedad y gobernanza del proyecto está –en parte o totalmente– en manos de los consumidores, se funciona con una infraestructura profesional suficiente como para ofrecer una amplia oferta de horarios y productos (siempre dentro de los parámetros del consumo consciente). Estas características equiparan en mayor medida a estos proyectos a las comodidades que ofrecen las tiendas y supermercados convencionales, lo que los hace más accesibles a un público más diverso. De hecho, en algunos casos las tiendas están también abiertas a personas no socias –sin derecho, eso sí, a los descuentos y otras ventajas de las que disfrutan las socias.

La participación obligatoria, en los casos en los que existe –que no son todos–, suele ser menor que en las tipologías anteriores. Algunos proyectos, como La Magrana Vallesana (Granollers) o Landare establecen una obligación mínima, como uno o dos turnos de trabajo al año, además de las cuotas. Otros, como Som Alimentació (Valencia), dan a elegir a sus asociadas entre pagar cuota mensual o hacer un turno de trabajo a cambio.

Cooperativas unitarias de producción y consumo (y otras experiencias ASC y ARCO)

Mientras que las categorías anteriormente explicadas se diferencian en buena medida por su tamaño, este grupo incluye iniciativas de diversas medidas. Si le dedicamos una modalidad aparte es por su singularidad en otro aspecto. Y es que es el modelo en el que los grupos de consumo asumen una mayor responsabilidad en la cadena alimentaria. Este compromiso incluye, además de la compra, la implicación en la producción y la distribución. Así, las cooperativas unitarias se encargan de la gestión de un terreno (o varios), la contratación de la persona o grupo de productoras que los cultivan, y la distribución de los alimentos. Además, normalmente cada unidad de consumo aporta una cuota independientemente de los alimentos que se obtengan, y la producción se suele repartir proporcionalmente entre el número de unidades. El referente más conocido de este modelo es “Bajo el Asfalto está la Huerta (BAH!)” en Madrid.

Las “cooperativas unitarias” son la manifestación más extrema de compromiso de las consumidoras con la producción. Se enmarcan en lo que se conoce más genéricamente como experiencias de agricultura sostenida por la comunidad (ASC) o agricultura de responsabilidad compartida (ARCO), entre las que encontramos propuestas bastante diversas y que implican diferentes grados de implicación y protagonismo por parte de las consumidoras. Más ejemplos de iniciativas en la línea de la ASC y la ARCO son Hortigas (Granada), Surco a Surco (Toledo), Cardedeu Autosuficient y la PACA (Barcelona) o Esnetik (Bizkaia), así como las experiencias de ARCO-COAG (de ámbito estatal) y Nekasarea (Bizkaia), que agrupan a bastantes proyectos. Para saber más sobre este tipo de experiencias, podéis leer este artículo de Daniel López, en el que está basado en gran medida este apartado.

 

Como posdata a esta última tipología de proyectos apuntar que la mayoría de proyectos de los modelos antes citados (grupos y cooperativas, tiendas y supermercados) comparten la filosofía de la ARCO y, en diferentes medidas, su práctica. Casi todos los proyectos tienden a apostar, de diversas maneras, por compromisos estables con productores concretos, aunque en los proyectos ARCO esta apuesta es un elemento central.

 

Resumen de modelos de experiencias de consumo agroecológico

MODELO Número de unidades
Forma legal
Horario de apertura
Sustrato ideológico¹ Participación de las asociadas²
Pequeños grupos³ 3-50 Ninguna, asociación Una tarde a la semana Autogestión, economías comunitarias, decrecimiento (“lo pequeño es hermoso”) Obligatoria: turnos de reparto u otros (1 vez al mes como promedio)
Asociaciones o cooperativas medianas 50-100 Asociación, cooperativa Dos o más tardes y/o mañanas Mixto Muy variable: desde opcional a obligatoria (en este caso puede ser un turno, mensual, trimestral o anual según los proyectos)
Tiendas y supermercados >100 Asociación, cooperativa Horario comercial Economía social y solidaria Muy variable: desde opcional a obligatoria (en este caso puede ser un turno mensual, trimestral o anual según los proyectos)
Supermercados >500 Cooperativa Horario comercial Economía social y solidaria (apuesta clara por el “salto de escala”) Muy variable: desde opcional a obligatoria (en este caso puede ser un turno, mensual, trimestral o anual según los proyectos)
Cooperativas unitarias y otras experiencias ASC y ARCO4 <100 Diversas Una tarde a la semana Especial sensibilidad / apoyo al sector productivo.
Autogestión (en el caso de las cooperativas unitarias)
Variable. En el caso de las cooperativas unitarias normalmente la participación es intensa

Nota general: la tabla es una simplificación. Pueden darse excepciones en todas las variables comparativas.

  1. Agroecología lo sería en todos los casos.
  2. La participación en asambleas, grupos de trabajo (y coordinadoras o juntas directivas, cuando las hay) siempre es una posibilidad para las asociadas. La diferencia es su carácter obligatorio (habitual en los pequeños grupos de consumo) u optativo (habitual en modelos mayores).
  3. En las zonas rurales o en los grupos más informales encontramos números más bajos de unidades implicadas.
  4. En esta categoría, no elegida en función de su tamaño, encontramos mayor variabilidad en la primera columna.

 

Conclusiones y recursos de interés

Si sumamos los alrededor de 160 grupos contabilizados en Cataluña y las iniciativas recogidas en diferentes mapas y listados de ámbito estatal podemos hablar, sin temor a equivocarnos, de al menos varios cientos de experiencias en el Estado español.

Podéis encontrar mapas y listados, no siempre actualizados, en webs como las de Grupo a Grupo, Ecoagricultor o Grupos de Consumo. También hay listados de carácter más local como La Repera, Coooperatives de Consum Agroecològic de Barcelona, Ekokontsumo, Madrid Agroecológico, o esta recopilación de iniciativas en Galicia. Os invitamos a completar la lista de mapas y listados mediante los comentarios de este artículo.

Los mapas recogen tanto lo que estamos denominando grupos de consumo como las experiencias de mayor tamaño. En cuanto al número de experiencias, los pequeños grupos se llevan la palma. Pero, como explicamos en otro artículo, no necesariamente son líderes en “número de bocas alimentadas”. A nivel territorial, podemos destacar que mientras que Cataluña es campeona en número de iniciativas, el País Vasco y la Cuenca de Pamplona lo son en número de “familias” implicadas (proporcionalmente a su población total).

Un recurso interesante para todos los modelos es la Guía de Cooperativas de Consumo elaborada por nuestro compañero Jose M. Alonso para AraCoop.

Aclaradas en este texto las denominaciones a emplear, y definidas las tipologías de proyectos y sus principales características, en un próximo artículo profundizaremos en las ventajas e inconvenientes de cada modelo, y en los debates, complementariedades y tensiones entre las diversas propuestas.

Fuente: Opcions

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